Son las 3:47 de la madrugada. Acabo de cerrar el set en una sala de Madrid, la gente sigue gritando, y yo solo escucho una cosa con claridad: ese pitido agudo y constante que vive en mi oído derecho desde hace años. La sala se vacía, yo recojo los pinchas, y el pitido sigue ahí. Cuando llego a casa, también. Cuando intento dormir, también. Mañana, también.
Soy Víctor, también conocido como Fak Scratch, y llevo más de dos décadas como DJ. Tengo tinnitus. Y sigo trabajando. Si has llegado hasta aquí buscando DJ con tinnitus cómo seguir trabajando, probablemente estés en uno de estos dos puntos: o acabas de notar el pitido y tienes pánico, o llevas tiempo conviviendo con él y no encuentras a nadie que te hable claro sin decirte "déjalo".
Yo no te voy a decir que lo dejes. Te voy a contar lo que he hecho —a la mala— para seguir en cabina sin perder más oído del que ya he perdido. Sin marketing, sin promesas vacías, sin recetas mágicas.
El problema que nadie te cuenta cuando empiezas a pinchar
Cuando empecé a los 14, nadie en la escena hablaba de oídos. Nadie. Los monitores de cabina iban a volúmenes salvajes porque el técnico de sonido tenía que competir con el PA principal, y la mezcla en auriculares la hacíamos al límite para escuchar el ritmo por encima del bombo de la sala. Cinco horas seguidas. Tres o cuatro noches por semana. Durante años.
Lo que no te cuentan es que el tinnitus no llega de golpe. Llega despacio. Primero notas que al salir del club hay un pitido durante un par de horas y luego desaparece. Eso se llama desplazamiento temporal del umbral, y es la señal de alarma que ignoramos todos. Después, ese pitido tarda un día en irse. Luego dos. Y un día concreto —yo recuerdo el mío, fue después de una fiesta en 2019— el pitido ya no se va. Nunca.
Ahí empieza la parte que nadie te cuenta: el miedo. El miedo a pinchar y empeorar. El miedo a no poder mezclar bien porque las frecuencias agudas te suenan distintas. El miedo a que tu oficio te haya roto la herramienta con la que trabajas. Y la culpa, sobre todo la culpa, de haber sabido —porque lo sabías, en el fondo lo sabíamos todos— que esto podía pasar.
La ciencia detrás del pitido en cabina
El tinnitus no es una enfermedad, es un síntoma. Aparece cuando las células ciliadas de la cóclea —esas células que convierten el sonido en señal nerviosa— se dañan por exposición prolongada a niveles altos. La Organización Mundial de la Salud es muy clara: la exposición sostenida por encima de 85 dB durante más de 8 horas provoca daño auditivo progresivo e irreversible. En una cabina, los niveles habituales rondan los 100-110 dB. A 100 dB, el tiempo seguro de exposición sin protección es de 15 minutos. A 110 dB, menos de dos.
Una vez dañadas, esas células no se regeneran. El cerebro, al perder señales de ciertas frecuencias, "inventa" un sonido para rellenar el hueco. Eso es el tinnitus. Por eso no se cura con pastillas ni con suplementos milagrosos: porque no es un problema del oído, es la respuesta del cerebro a una pérdida real de información.
La buena noticia —porque la hay— es que el tinnitus no necesariamente empeora si dejas de exponer tus oídos a niveles dañinos. Puedes estabilizarlo. Puedes aprender a convivir con él. Y, si sigues pinchando con protección adecuada, puedes mantener tu carrera sin acelerar el deterioro. Esto no me lo invento yo: lo dicen los estudios de referencia del NIOSH sobre exposición ocupacional al ruido en músicos profesionales.
Cómo se resuelve: lo que cambié en cabina y funcionó
Voy a contarte exactamente qué cambié, en este orden, porque el orden importa.
Lo primero: tapones con filtro acústico, no de espuma. Los tapones de farmacia tapan el oído a lo bruto y se cargan los agudos, así que la música suena apagada y pierdes la referencia de la mezcla; acabas subiendo el monitor para compensar, justo lo contrario de lo que necesitas.
Yo uso Mood Happy en cabina: con un SNR de 23 dB baja el nivel general lo bastante para proteger el oído sin desconectarte de la música. No te voy a decir que la atenuación sea perfectamente plana, porque ningún tapón lo es del todo y la física no funciona así. Lo que hace el filtro es dejar pasar bastante el grave —no pierdes el cuerpo ni la pegada del bombo— mientras rebaja con fuerza los medios y agudos, que son las frecuencias donde el oído es más vulnerable y donde se acumula el daño. Sigues distinguiendo la mezcla con criterio, solo que a un volumen que no te destroza la audición sesión tras sesión.
Lo segundo: el monitor de cabina más bajo de lo que crees que necesitas. Si te has puesto tapones para protegerte y luego subes el monitor a tope para "oír igual", no has hecho nada. Yo pincho con el monitor a un nivel en el que, sin tapones, sería conversación cómoda. Con tapones, suena al volumen al que necesito mezclar, y mis oídos llegan a casa enteros.
Lo tercero: silencio activo entre sesiones. El oído se recupera del estrés acústico en periodos de silencio. Yo no escucho música en el coche de vuelta, no veo Netflix con volumen alto, y los días siguientes a un bolo grande me obligo a tener al menos una jornada de "reposo auditivo". El pitido baja notablemente cuando lo hago.
Lo cuarto: revisión auditiva anual. Un otorrino, una audiometría, un seguimiento. Esto no es opcional cuando vives del sonido. Saber exactamente cómo está tu oído cada año te permite ajustar comportamientos antes de que sea tarde.
No te vendo tapones, te vendo años más de carrera. Así de simple.
No estás solo: esto le pasa a más gente de la que crees
El tinnitus en músicos profesionales es una epidemia silenciosa. Productores, técnicos de sonido, instrumentistas de orquesta, ingenieros de mezcla, sonidistas de gira. Conozco a DJs internacionales que pinchan con tapones desde hace una década y no lo cuentan porque "queda poco rockstar". Conozco productores de los grandes que graban en estudio con monitores a niveles bajísimos porque saben que el oído es la herramienta, no un consumible.
Y conozco también el otro lado: gente que llegó tarde. Que perdió frecuencias críticas para su oficio. Que tuvo que cambiar de papel dentro de la industria porque ya no podía mezclar. Esa historia no la cuenta nadie en redes, pero existe, y es mucho más común de lo que parece.
Si eres DJ y estás leyendo esto con un pitido de fondo que te acompaña desde hace meses, no estás roto. Estás a tiempo de proteger lo que te queda. Si eres DJ y aún no tienes tinnitus pero llevas años pinchando sin protección, no esperes a tenerlo para reaccionar. Cuando llega, ya no se va.
Volvemos al principio
Son las 3:47 de la madrugada otra vez, en otra sala, otro mes, otro año. El set ha ido bien. La gente sale contenta. Yo recojo los pinchas, me quito los tapones y guardo la caja con cuidado en el bolsillo interior de la chaqueta. El pitido sigue ahí, claro, no se ha ido. Pero hoy no ha subido. Hoy no me ha quitado nada. Y mañana, si descanso, estará un poco más bajo.
Esto no va de fingir que el tinnitus no existe. Va de no dejar que te quite lo que amas. Mood nació exactamente de esto: de querer que ningún DJ tenga que elegir entre la música y su oído. Si vives de pinchar, o si quieres seguir disfrutando del oficio muchos años más, empieza por lo básico.
👉 Mood Happy (-23 dB): los que llevo en cabina. Filtro acústico para reducir medios-agudos, silicona hipoalergénica, reutilizables.
👉 Estuche con cremallera: porque un tapón perdido o sucio es un tapón que no te pones. Y un tapón que no te pones no protege nada.
La información de este artículo tiene fines divulgativos y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Si experimentas tinnitus persistente, pérdida auditiva o síntomas relacionados, consulta con un otorrinolaringólogo.
